Sobre el buen narrador



Un buen narrador jamás usa el adjetivo “indescriptible”. Un buen narrador se dedica a cultivar con denuedo el jardín de la descripción.
Un buen narrador no escribe “Sofía era hermosa” y se sigue de largo. Un buen narrador se detiene en el lunar que ilumina un pómulo de Sofía.
Un buen narrador no escribe “Se sintió la furia de los elementos”. Un buen narrador logra que su tifón arrase con las palabras en la página.
Un buen narrador no escribe “Anoche tuvo pensamientos terribles”. Un buen narrador crea minotauros que vagan perdidos por dédalos mentales.
Un buen narrador no escribe “La noche era oscura”. Un buen narrador da al lector una antorcha para que siga leyendo entre sombras densas.
Un buen narrador no escribe “Tenía la voz aguda” y lo olvida. Un buen narrador consigue lastimarnos el oído cada vez que suena esa voz.
Un buen narrador no escribe “Hicieron el amor durante horas”. Un buen narrador capta gritos y gemidos, la gota de sudor que corre despacio.
Un buen narrador no escribe “Era una mansión asombrosa”. Un buen narrador da las llaves para abrir las puertas del asombro de par en par.
Un buen narrador no escribe “Tuvo un sueño agitado”. Un buen narrador nos deja entrar sin pasaporte en el país convulso de las pesadillas.
Un buen narrador no escribe “Fugarse de la prisión parecía imposible”. Un buen narrador coloca a su reo en una celda junto al abate Faria.
Un buen narrador no escribe “El sol lo encegueció”. Un buen narrador obliga a abrir los ojos en el punto más álgido del deslumbramiento.
Un buen narrador no escribe “Lo esperaba un largo camino”. Un buen narrador nos entrega el calzado que resistirá la andadura de los días.
Un buen narrador no escribe “Y vivieron felices para siempre”. Un buen narrador sabe que lo único que durará siempre es la muerte.
[Fotos: Vladimir Nabokov escribe en una mesa, en la cama y en su auto]
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